Project Description

aonuevo_4

Sonaban las bombetas a todo dar y las luces de los juegos artificiales, teñían de intensos colores el cielo. La música y la alegría que invadía los alrededores de la Clínica -por la inminente llegada del año nuevo- contrastaban con las lágrimas y el sufrimiento de aquella joven y sus familiares.

Su perrita Pelusa –French poodle negra de 9 meses- se había escapado en un descuido y el vehículo no pudo frenar a tiempo, dejándola tirada en el suelo en medio de fuertes alaridos y sangre saliéndole por el ano…

Infructuosamente llamaron a todas las veterinarias de su zona –allá por Alajuela- pero nadie les contestaba, hasta que gracias al 1155 lograron ubicarnos. Calculo que no tardaron ni 20 minutos en llegar desde Alajuela, tal era su desesperación…

La perrita no podía levantarse por sí sola, pero si le ayudábamos lograba sostenerse en pie, aunque la pata derecha no le respondía bien.

Al terminar de revisarla les dimos las buenas y las malas noticias. Las buenas que no estaba grave y que su vida no corría un peligro inminente, que ninguna de las patas estaba quebrada y que no habían signos de neumotórax o hemorragias internas.

Las malas que tenía una fractura de importancia moderada, justo en la sínfisis púbica y un posible trauma en los nervios de la pata.

¡Usted no sabe la alegría que nos ha dado Doctor! –Me dijo el padre, un humilde pintor de profesión- Pues Pelusa es como  una hija para nosotros…

Al abrirles la puerta para despedirlos, se escuchaba en los parlantes del bullicioso y alegre vecino, una voz atronadora gritando el 4, 3, 2, 1 ¡Feliz Año Nuevo!

En ese momento la joven de unos 18 años se acercó, me dio un pequeño abrazo y aún con lágrimas en los ojos -más ahora también con una sonrisa en sus labios- me dijo “Muchas gracias, que tengas un muy Feliz Año Nuevo”.