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Anoche atendí a un gatito en consulta de emergencia. Su dueño me contó que llevaba como una semana enfermito, con vómito, sin apetito y decaído.

Según parece le recomendaron en una Veterinaria que le dieran un producto para las bolas de pelo, pero el gato no mejoró y todo lo contrario anoche ya estaba mucho peor.

Al revisarlo la situación no podía ser más grave: el animal presentaba deshidratación extrema, hipotermia y mucosas amarillas -ictericia- por lo que le expliqué al señor que teníamos que ponerle sueros de emergencia, calentarlo y realizar una serie de exámenes diversos…

Lamentablemente el cliente prefirió sacrificar al hermoso gato negro antes que curarlo, probablemente por razones económicas o porque sintió que ya era muy tarde. No lo sé…

Mientras le aplicaba las inyecciones que terminarían con su sufrimiento pensaba -para mis adentros- que si el pobre animal hubiese recibido un servicio médico adecuado y un diagnóstico certero, su muerte tal vez se podría haber evitado…