CAMPYLOBACTER: LETAL INFECCIÓN

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CAMPYLOBACTER: LETAL INFECCIÓN

Eran las 11:30 de la noche de un frío sábado decembrino. Acababa de enroscarme en las cobijas y empezaba a dejarme llevar por el suave sopor nocturno, cuando el campanilleo persistente del teléfono, me obligó a “resetear” la conciencia.

Se trataba de una llamada de un lugar distante, ubicado entre Jacob y Quepos; un norteamericano cuyo perrito chihuahua había estado vomitando y con diarrea, por lo que le aplicaron sueros intravenosos y medicinas diversas.

Me rogó que por favor no me durmiera y que le atendiera el perrito, pues lo veía muy mal, cada vez más débil y decaído. –Si claro, con mucho gusto señor- le respondí al preocupado extranjero, quien sin embargo no quiso arriesgarse a que me durmiera y siguió llamando cada 30 minutos, avisándome de cómo avanzaba en su largo recorrido hasta mi Clínica en Escazú…

Fue llegando como a eso de las 2 de la madrugada del domingo, pero el cuerpito que puso sobre mi mesa de revisión -envuelto en aquellas lindas cobijitas- lucía inerte, frío y con las pupilas dilatadas, pues había muerto unos 5 minutos antes.

Después de un viaje tan largo y en medio de tantas lágrimas y dolor, no podía simplemente despedirlo, sin por lo menos tratar de averiguar un poco, sobre las posibles causas de la pérdida de su querido cachorrito. Así que con un termómetro obtuve una muestra de aquellas heces sanguinolentas y la monté sobre una gota de solución salina.

No se observaba ninguno de los parásitos usuales que atacan a los cachorros: no habían ancylostomas, ni giardias, ni coccidios. ¿Será parvovirus? –me pregunté mentalmente- pero era poco probable, pues el cachorrito de 2 meses y medio, había sido vacunado y desparasitado de la mejor manera.

Al no encontrar ningún parásito común, decidí entonces realizar una revisión de tipo bacteriológico: utilizando el lente más poderoso del microscopio y una luz especial llamada “contraste de fases”, aparecieron ante mis ojos cientos de bichillos que se movían frenéticamente y tenían una forma ondulada característica, que cuando están quietos recuerdan la silueta lejana de una gaviota: Campylobacter.

Según la Ciencia esta bacteria es la causa más frecuente de enfermedad gastroentérica en humanos (causa más infecciones que bacterias más conocidas como Salmonella y Shigella juntas), mata a una persona de cada mil en países desarrollados (tal vez 5 o 7 en los del Tercer Mundo) y se asocia con una parálisis muy seria llamada Guillain Barré. Aunque la mayor parte de las infecciones en humanos, se adquieren a través de agua o alimentos contaminados con heces, ocasionalmente se puede adquirir por contacto directo con mascotas que padezcan la infección.

¿Se pudo haber salvado? Me pregunto el señor con los ojos vidriosos y empañados por las lágrimas? Aunque cada año mueren cientos de animales por esta infección, la posibilidad de salvarlos depende de qué tan pronto se realice un diagnóstico preciso. Si se inicia la terapia a tiempo, se puede lograr una elevada tasa de curaciones, superior al 98%, pero si no se logra un diagnostico a tiempo, se eleva mucho la tasa de mortalidad.

Espero que esta breve historia motive a todos los propietarios de mascotas, a que al primer síntoma de diarrea, busquen atención profesional lo antes posible.

By | 2016-12-29T12:38:46+00:00 diciembre 22nd, 2014|Sin categoría|0 Comments